viernes, 7 de diciembre de 2012





La realidad es un desencuentro
que lapido tras el cristal.
La observo cuerpo a cuerpo,
invariablemente epitelial,
sucinta al aburrimiento,
tan previsible y desgajada
como bipolar un semáforo.
Nos tuteamos ignorándonos,
recortando el espacio conquistado
beligerante como daga,
ese instante que recrea
la incomprensión, el odio,
decididamente, la nada.

(Kabalcanty. 2012)

(Lienzo de Joe Godin) 

jueves, 6 de diciembre de 2012

APRIORÍSTICOS GOZOS






APRIORÍSTICOS GOZOS



-I-


Cae el agua de transparencia intemporal
por entre el valle de tus senos
Mis labios abiertos en alas
se toman por un alcotán
de errante vuelo concéntrico


-II-


El suspiro de unas huellas
que jamas quisieron ser
nos traducen en dos siluetas
de composición oscura
de pétrea firmeza en la distancia
que salvaguarda el anodino
mundo de las sombras


-III-


Resbala la llama por la piel
Pernocta en la boca  en los ojos  en el sexo
con la dúctil modorra que copula con el sueño
Arde la densidad de los pensamientos
disgregada en ascuas
de crepitantes silencios níveos

-IV-


Tomaste una ingravidez etérea
y prendiste un fulgor de celofán
Te redujiste bajo ello
hasta que la soledad
                                                           guiño de piel dorada
                                                           en la iluminada noche
                                                           sobre arena de playa
te pintó de coágulo


(Kabalcanty. 1990)

(Lienzo de Nico Bielow)

miércoles, 5 de diciembre de 2012






Imágenes despedazadas limítrofes,
enterradas bajo palabra, 
cauterizadas en un gesto adiestrado,
somos cómo nos cautiva vernos,
así: vendados los ojos, irresolutos,
prendados de una silueta entera
compactando una banal consecuencia.
Así, mermados en lo simple,
rasgando la antesala megalómena
de los ripios que nos oropelan,
poco nos importa irrumpir sangres
que fermenten aquellos pedazos. 





(Kabalcanty. 2012)

martes, 4 de diciembre de 2012

EL BESO DE ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO




EL BESO DE ALICIA A TRAVES DEL ESPEJO


Noche
Noche de licántropos ululantes
vertidos en oídos de corcho
Noche de entelequia
andamiada con sorbos de coñac y cola
Noche sola
Ella
vapor
bocado de folio
evadida en su mundo
que espejea equivocadamente
al mío
Se oye el latido de un saxo
Un tamborileo sobre un sombrero de copa
El arrastrar de cadenas fantasmales
El chapoteo de una nube en el agua
Se escucha pensar a la utopía





Me he levantado
tan insensato
en persecución a esa materia
tan cercana a un reducto feliz
El frío
resorte mismo de la puerta de mi procedencia
ha respondido con sus encajes de estalactitas
a la pregunta que mi callado cuerpo formuló
Me ha empapado el sudor
hallándome entre una sobrepidermis de sábana
Ni un solo sonido
Noche para dormir
                          Mientras Alicia juega tras las cosas
                          que refleja el espejo

(Kabalcanty. 1990)

DIARIO DE PONTEVEDRA (KABALCANTY)

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Kabalcanty

Etiquetas: Alexander Vórtice
20/11/2012 - Alexander Vórtice
El albor se expande quietamente cual curiosidad de recién nacido. La oscuridad no existe: lo que llamamos oscuridad no es más que la luz que no llegamos a ver, el abrazo que aún no hemos sentido, el átomo de paz que manosea nuestro rostro moderadamente abatido. Anhelamos cielos que no alcanzaremos, codiciamos lo ajeno, lo que no asumimos… Y al hacer esto, vamos sembrando una cerrazón que a secas nos colma de rencor, un rencor con el que atormentamos a las personas que nos rodean a diario. Al fin nos hemos dado cuenta de que la sociedad de consumo y/o de bienestar que creíamos disfrutar no era más ni menos que un fraude mal acicalado, una pretexto ocurrente para que unos pocos predilectos pudieran chuparnos los tuétanos, las billeteras y el espejismo de una vida mejor (“más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía”). Pasan los Gobiernos y la crisis se consolida cual lapa insolidaria. Corren los años y la desigualdad se enquista en los alientos de los más desfavorecidos; mas, el hombre honorable (“rara avis” en estos tiempos de sexualidad cibernética y de consomés enlatados) no teme a la luz ni a la oscuridad, como verso agitador, no se quiebra fácilmente ante las sinrazones o ante las injurias de los necios que vagan por la Tierra en busca de presas fáciles para alimentar sus engreimientos. Debo reconocer que hay días en que la luz se me va turbando a causa de la contrariedad, y es en ese punto exacto de ahogo existencial cuando me decido a entrar en Internet, y busco a mi buen poeta Manuel Jesús González (Kabalcanty), que es de las pocas cosas buenas que me he podido encontrar en una Red Social y que, aparte de ser una persona que conoce bien el oficio de inclinar los sentimientos en pos de las letras, también es un hombre agradecido, uno de esos tipos que casi ya no quedan. Desde su emblemático e idílico Madrid (ciudad invivible pero insustituible) nos concede palabras escritas con bálsamos de certidumbre, palabras que no agonizan ante lo mundano, ya que ostentan garra y espíritu de reyerta continua: “Urgíamos pasajes para vivir irrefrenables, un beso inacabable tentándonos la espalda, un grito al unísono tatuando el cielo, pero las puertas se repetían cual días y sus goznes chirriaban pesarosos, alejados de toda aquella luminosidad”… Y tras haber penetrado en las huellas veraces de Kabalcanty (rapsoda cursado en el arte de procurar el alivio lírico), resuelvo robustecer mi luz más íntima, y así procurar el descaro de ser uno mismo, sabiendo que las luminiscencias discuten sobre lo que realmente importa.

lunes, 3 de diciembre de 2012

COMO UN DÍA CUALQUIERA






COMO UN DIA CUALQUIERA

“El amor se ha sentado
en el cráneo de la humanidad......”
(Charles Baudelaire)


Mezclo lágrimas con ginebra
para confundirme con el alborozo,
para matar el escozor de su sal,
para decir que paso el día.
Hurgo de mesa en mesa
con la locura de hallar una sombra
que se distinga en oscuridades.
Con las rodillas,
en los sótanos cuarteados de la ausencia,
me arrastro encallecido,
vaporizado en tabaco,
meando alcohol,
escupiendo a mi sombra.
Cansado, emborrachado de mí,
deposito mi cuerpo en la cama.
Me zumban las voces
que rumiaron su distancia
para hincarme su lejanía.
Me bailotea un eco
que me adormece por fin.
Sueño con penas secas,
rancias en un desván pestilente.
Al rato, me despierto y comienzo de nuevo.
Y todo por desvelarte, amor.

(Kabalcanty. 1990)