lunes, 22 de junio de 2015
FLASHBACK 1978
- FLASHBACK 1978 -
El verano es un olvido
prolongado
sobre la memoria
asolada
del laberíntico altillo.... fb.me/3Us0gVe3d
miércoles, 27 de mayo de 2015
NUMEN
- NUMEN -
"....Y canta, cantas por las noches parecida a la
locura...."
(Leopoldo María Panero)
El reflejo de la noche
en el charco
es una mentira que
prevalece
sobre los envites de
los autos.
La barra de un bar
postrero
cuelga a la ramera
musa
sonriendo desde su
tatuaje
sobre el pezón.
La ginebra avala todos
los dioses
desde la garganta a la
cima de la lengua
como el ruido del
corcho
circulando por la
mente.
En el fondo del vaso
urge pasión,
el impacto de una
frase dolorida
que se diluye en la
boca
con un acólito mutis
protector.
Arrastrarse sobre
perecederos mares
atropellando aceras y
bordillos,
monigotes de barro
repintados,
sueños descarriados
asolados por crepúsculos;
el universo entero
abigarrado
contra la cristalera
del bar.
A la puta inspiración
se le derrama
una lágrima de semen
sobre el tatuaje
mientras se limpia las
rodillas
del serrín de todos
los egos.
Nadie inquieta a nadie
porque la espera es
una muerte
adosada a los talones
latiendo en un
decapitado segundero.
Al borde del último
trago,
del poema que se
enrancia en las entrañas,
una mirada al
espejismo ebrio
que brota entre las
nalgas de la noche.
El sonido de varias
monedas
y el desplome irritado
de un cierre
son una sobada
fotografía
que embadurna la
página en blanco.
Lo demás es una
mentira
que prevalece grosera
sobre los envites de
los autos.
©copyrightkabalcanty
www.facebook.com/vertikales21
(Fotografía
de Maja Vuckovic)
miércoles, 6 de mayo de 2015
ESCRIBIR
- ESCRIBIR -
"La mayor parte de la escritura
se hace lejos de la máquina de escribir"
(Henry Miller)
Suena la salmodia
atravesada de sien a
sien,
el vaso empañado de
cerveza,
el pitillo requemado
al filo de la mesa,
la noche inmensa
descansando
de tanta intuición
baldía.
El papel presume
despoblado
ante el bolígrafo
yerto
y el segundero
guillotina
los pies descalzos de
la musa.
El escritor dormita
ebrio
consonante con la
página blanca
que desafió su
esbeltez
hasta olvidarle al
borde
del sueño vencido.
La hora pasa
inadvertida
al ronquido de la
garganta
encharcada en tinta,
un resuello acaparando
nigromantes que
decapitan cuervos
sobre el blancor
acendrado.
Desesperado,
traidor a todas sus
sobriedades,
al alba escribirá
contra sí mismo
como una súplica que
purgue
sus ojeras de mortaja,
su incestuoso hado
copulando en sus
labios
entreabiertos
con el esperma
que no tinta palabras.
A la luz del día
será un cautivo
que sólo viva
al eje de las sombras.
© Kabalcanty
(Fotografía de Hugh
Kretschmer)
miércoles, 8 de abril de 2015
SUCEDIÉNDOME NOCTURNO
- SUCEDIÉNDOME NOCTURNO -
Degustaré la noche al
vértice
de la leve luz de la
esquina,
el sobresalto de
conducirla doblándola
a la mansedumbre
habitada de sombras
que me desvela calles
transitas
exculpándome de su
ciclo perpendicular.
Nubes presagiando
cerveza,
cirros enconados de
desobediencia,
hirviendo al luminoso
de un bar,
desperdigando nalgas
de musas,
agujeros acuñando
saciedad
cual manantial al
reguero de aceras.
Me inyecto sublime el
alcohol
y la apoteosis curva
la esquina,
la dilata hasta oscurecerla
clara,
notoria, orillada al
empuje de cloaca
que persistirá a todas
luces
como huera alborada de
placebo.
En un puño,
sucediéndome nocturno,
acaso seré cadáver
recostado al vértice
recitando babosas tan
congraciadas
como cervezas
presagiando nubes
urdiendo la humedad
más desecada
tras el incendio
asolador de los mares.
Kabalcanty.copyright©
(Fotografía de Montse Morcate)
jueves, 19 de febrero de 2015
COMA
- COMA -
"... ruinas perdidas en lecho,
ya seco, de ciénaga enorme."
(Miguel de Unamuno)
Bajo los pies todo es
seísmo,
una algarada de
cristales rotos
hincándose en la
estrechez
de la firmeza,
un desmayo
prolongado.
Huir besando bocas
con la urgencia del
taladro
que será el prólogo de
un llanto
almacenado bajo
cualquier almohada.
Aguarda la mística de
la ilusión
clavada en un ángulo
del lienzo
como una velada
apostilla
que cunde poco o nada.
La mediocridad es un
común
que lacera sin hacerse
notar,
un bufido de oxigeno
viciado
derramando barro
sobre la nieve caída
ayer.
Sobre el lecho, el
sueño más vil
es orgasmo en
torrente;
los párpados apretados
entre densidades
asfixiantes,
noches espectrales,
frío,
esquirlas rasgando la
garganta,
sueños
enfermizos que reviven
sin que nada tiemble.
Kabalcanty.copyright©2015
(Fotografía de Noell
Oszvald)
miércoles, 21 de enero de 2015
NO ESPERES A QUE LAS COSAS OCURRAN
- NO ESPERES A QUE LAS COSAS OCURRAN
-
No esperes a que las
cosas ocurran,
bebe los glóbulos
rojos de ese atardecer
y rompe la crisálida
que hierve tus lágrimas
hasta que penetre el
desconsuelo
por esa argolla que
creíste sin importancia.
Toda sucederá por tu
piel
a chorros purpúreos,
a branquia desmesurada
que absorba esos
pringosos cielos
que tan mates
volvieron tus cabellos.
Ilusiónate con ese
chispazo a lo lejos
gritando entre todos
los obeliscos;
inspira la forja de
tus pasos sobre la acera
con ese haz de tus
agotados ojos
centelleante siempre
sobre el precipicio.
Levantarse es el envés
de caerse,
nadie rueda ni se alza
definitivo,
ni siquiera el techo
se desploma
sin que aguarde otra
bóveda a mano.
En el cuarto, tu
mágica calabaza
se alhajará de sonrosados gusanos
cercenando esa sonrisa
de halloween
que tanto te gustaba
contemplar.
Kabalcanty.copyright©2015
(Fotografía de Noell S. Oszvald)
martes, 23 de diciembre de 2014
PÁGINA DEL MARTES 23 DE DICIEMBRE 2014 PARA EL PERIÓDICO "PONTEVEDRA VIVA".
- EL DERECHO A SER FELIZ -
(Para ellos dos)
Su mirada coincidió
unos instantes en aquella cafetería de la calle O´Donnell. En la calle llovía,
hacía frío, sin embargo no había sido casual su entrada en el local: sus
cruasanes a la plancha eran su merienda favorita en las tardes sosas del
invierno y aquella cafetería los preparaba exquisitos e inigualables. No iba
buscando nada, ni siquiera esa mirada fugaz, propia de tímido, que sintió de
perfil y que le hizo volver los ojos al extremo de la barra. Estaba con el
pedazo de cruasán colgando del tenedor mientras le miraba con una atención que
iba más allá de la curiosidad; le observaba, en aquellos pocos segundos
eternos, con el reconocimiento que el instinto otorga al encuentro de un alma
gemela.
Detuvo la limpieza del
cristal de la mesita para paladear el recuerdo pausadamente, cerrando los ojos
para ver con nitidez el momento. Su memoria se envolvía con los cánticos de los
niños de San Ildefonso que salían del aparato de radio nombrando los números
que arrojaba el bombo en el día del sorteo extraordinario de Navidad. Le
resultaba agradable que su evocación se adornara con aquella melodía de la
suerte. El azar iba y venía, zigzagueaba, subía y bajaba, y aquella tarde en su
cafetería preferida de la calle O´Donnell se había puesto de su lado. Se
enamoraron de sopetón, sin anestesia, aún antes de cruzarse sus miradas, acaso
cuando decidieron compartir la soledad de una tarde aburrida de invierno al
socaire del barullo de cientos de meriendas y murmullos ajenos y, sin embargo,
tan de abrigo. Más de cincuenta años sin amor, o con amor ocasional, pagado la
mayoría de las veces, era una carga que le iba transformando en una especie de
anacoreta que contemplaba su existencia plana dentro de una inapetente
cotidianeidad. Escondiendo su inclinación, dudando de ella en lo más profundo
de su aislamiento, callando lo que sólo pronunciaba a espectros en las tardes
de sábado escuchando boleros o canciones de los Beatles, ahora todo descansaba
en el espacioso cajón del olvido. Era tan rabiosamente feliz que el mundo se le
antojaba tan dilatado como un renacido adolescente. En ocasiones, como le
ocurrió en ese mismo momento, arrodillado frente a la mesita con la gamuza en
una de sus manos, se le escurrían unas traicioneras lágrimas que terminaban en
una risa convulsa, plena.
Sonó el timbre del
horno y, mientras se dirigía a la cocina, los niños de San Ildefonso cantaron
un cuarto premio. Una bocanada de vapor le hizo aspirar voluptuosamente las
delicias del besugo.
Retíralo del horno y rocíalo con un
poco de vinagre.
Pela los dientes de ajo,
córtalos en láminas y dóralos en una sartén con aceite teniendo cuidado para
que no se quemen. Trocea la guindilla e incorpórala. Añade un
poco de perejil picado. Riega el besugo asado con el refrito y sirve.
Leyó con atención del libro abierto sobre la encimera. Consultó el reloj de
la cocina y decidió cerrar la puerta del horno y esperar un poco hasta que
llegase él para terminar el besugo.
Se vistió con la camisa de cuadros granates que él le había regalado y por
encima se echó una chaqueta ligera de lana. Se puso colonia por toda la calva
y, luego, se masajeó el rostro con una crema hidratante intensiva de textura
lechosa.
No era la primera vez que comían juntos en su casa, pero sí que se
inauguraba una nueva etapa en su relación: el cercano y próximo año convivirían
en esa misma casa y participarían de su amor a las familias de ambos. Esa era la
principal razón de la comida y aunque ni uno ni otro habían querido dar
solemnidad a la ocasión, a los dos les recorría una excitación que
intercambiaron por medio de wasaps y llamadas a deshora.
Lo cierto, como pensó frente al espejo mientras se recortaba los pelos de
la nariz con esa maquinilla que había comprado en teletienda, es que les
importaba un bledo cómo tomaran su relación los familiares; su cometido era
serles francos y el de ellos ser comprensivos. El amor, "ese célebre
informal" como decía Benedetti, no distingue entre penes y vaginas, es tan
amplio como angosta la moralidad que sólo lo concibe heterosexual.
Dio un vistazo al salón. Se acercó al jarrón de margaritas blancas, que
compró el día anterior en un vivero, las enderezó y las colocó junto a la
litografía de Sorolla. Desconectó la radio, cogió un cd y lo introdujo
maquinalmente en el equipo estereofónico. Al escucharse los primeros acordes de
"Come together", pulsó una tecla y sonó "Something" al
instante. Se abrazó y se puso a bailar con los ojos cerrados.
No había terminado la canción cuando un timbrazo, repetido en tres
ocasiones, le hizo acudir presuroso a la puerta y abandonar su baile. Era él,
sonriente, real más allá de su incipiente barriga. Sin cerrar todavía la puerta
se besaron sin usura los dos hombres. Solos y únicos. La mirilla de Pepita
Monedero, su vecina de enfrente, permaneció ojiplática, huérfana en su pasmo,
pero ya les importaba un rábano.
Os deseo un buen año 2015, queridos lectores.
23 Diciembre 2014.
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