miércoles, 30 de octubre de 2013

PESO MUERTO






EL PESO MUERTO



Jugueteando con el ordenador,
siento que mis espaldas ceden
con la mirada de mi hijo.
Espía la aduana de mi calva,
mi cuello largo y sudoroso,
mis hombros desvencijados
que yergo para protegerme.
No deseo transparentar mi derrota
y le distraigo con una broma,
pronta, tópica y manoseada,
que él acoge sonriente
en un esfuerzo de sensibilidad.
Me muevo lo justo al teclear,
no sea que la espora,
dueña de mi aire trasnochado,
deje entrever su cola
y le siembre de interrogantes
que entrecrucen su ceño;
que no me atisbe zigzaguear
reclamando el oxigeno
que me gana,  la maldita.
Pido que me vea como siempre,
sin sospechar de mi flaqueza,
erguido sobre mis piernas
y caminando sin vacilar
sobre el liquen del precipicio.


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lunes, 28 de octubre de 2013

CITA





CITA



En la habitación el aire estaba viciado, pero nuestras jarras de cerveza, sobre la mesa, una junto a la mano del otro, velaban nuestra supervivencia como si nos hubiesen atado a un poste en el ojo de un tornado.



Ocasionalmente, cuando dejábamos de beber, y después, cuando meditábamos sobre el trago, hablábamos de naderías, de espantos galácticos o de futbolistas que nos ocuparon hueco entonces.



Nuestras ropas parecían distanciarnos, sin embargo conferimos una facultad al momento que le fundía en una horizontalidad que al tiempo espejeaba y nos confundía en lapsus que soportábamos.



Tal vez deseábamos de verdad tenernos lejos, dejar que una voluntaria ignorancia nos ataviara al gusto de la indolencia y que las posibles preguntas no caminaran más allá de donde marcaba la alambrada de espinos.



Las palabras se escurrían garganta abajo, todo para que nuestra boca, con los labios apostados en nuestro cogote, se plasmara en una mueca que no nos inquietara.



La habitación, ahora que lo pienso, no sólo contenía impurezas: voces altisonantes y un desacorde tintineo de platos rodeaban nuestras encorvadas figuras que contemplaban la llovizna con la frivolidad de la segura sequedad.



Normalmente nos íbamos a otro cuarto o paseábamos, mientras nuestras sombras volvían a casa galopando, fatigadas del desánimo que le infundía la pereza de nuestras manos cuando, a hurtadillas, las pellizcábamos para que mudaran de postura.



Al fin, dándonos los parabienes por la nueva cita superada, nos desdibujábamos en segundos como si un chasquido nos reclamara y se regodeara con fiereza, y entonces, sólo entonces, cuando acudían las ganas de llorar, pero de llorar con ímpetu, con desgarro, inconsolablemente, hincado de rodillas, golpeando un muro inamovible y que con los nudillos de las manos laminara cielo y tierra como cuchillas impiadosas. 



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domingo, 27 de octubre de 2013




Me desvelo y fumo
para disipar ausencias.
Una soledad polar
me arropa indeseada,
y seductora, al cabo,
siendo la noche
un  silente vahído
que me reclina víctima
de mi propio crimen.
Pensar y pensar
siempre en el borde,
en el desmayo urdido
en la apatía del sueño,
el telón sobre la ventana,
el globo de la farola
como cutis de la Luna.

Me desvelo y fumo
vernáculo de ceniza charol
que comienza a teñirme
la planta de mis pies.

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viernes, 25 de octubre de 2013

DE ILUSIONES

DE ILUSIONES



De un jirón en el perchero
cuelga la ilusión inmaculada,
la lozanía de titanio
que endomingamos altivos
cuando el cutis no juzgaba.
Con agua de lluvia la regábamos
y con Channel de Hollywood
la teñíamos olfatoria.
Su desnudez nos cautivaba
en la cola del humo
que portaban el escudo
de las naves que botábamos
apretando los párpados.
Le quitábamos el polvo vetusto
con mimosos soplidos
y la repintábamos afanosos
cuando la edad lo requería.
Un día, confundido entre otros,
extraviado entre demasiados,
la colgamos en el desván
y la cubrimos con otro nombre
para olvidar el olvido.
Allí oscila, sequerosa,
al vaivén de la polilla,
desfamada, sin afeites,
ninguneada y sola.


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jueves, 24 de octubre de 2013




Embelesados mirábamos el destino,
un juego sencillo que amanecía constante
como una esperanza seductora.
Al alcance, se velaba y desvelaba
entre un silbido melódico de viento
y un aroma reciente de mar.
Asentimos y dimos dos pasos
tumultuosos, atronadores, audaces,
resonando entre el paisaje
hasta sacudirlo con levedad.
En seguida se escuchó un portazo
y cuatro vueltas de llave
apresuradas.

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